Sin categoría

Lo más importante es invisible…

Después de haber caminado durante horas en silencio, cayó la noche y las estrellas comenzaron a iluminarse. Yo las entreveía como en sueños, al tener un poco de fiebre a causa de mi sed. Las palabras del principito bailaban en mi memoria:

– Entonces tú también tienes sed ? – le pregunté.

Pero no respondió a mi pregunta. Simplemente me dijo:

– El agua puede ser buena también para el corazón…

No comprendí su respuesta pero me callé… Ya sabía que no había que interrogarlo.

Estaba cansado y se sentó. Yo me senté a su lado. Y, después de un silencio, agregó:

– Las estrellas son bellas, a causa de una flor que no se ve…

Respondí “desde luego” y miré, sin hablar, las ondulaciones de la arena bajo la luna.

– El desierto es bello… – agregó.

Y era verdad. A mí siempre me gustó el desierto. Uno se sienta sobre una duna de arena. No se ve nada. No se escucha nada. Y sin embargo hay algo que irradia en silencio…

– Lo que hace al desierto tan bello – dijo el principito – es que esconde un pozo en algún lado…

Me sorprendió comprender de golpe esa misteriosa irradiación de la arena. Cuando era niño vivía en una casa antigua, que según la leyenda tenía un tesoro oculto. Desde luego, nunca nadie pudo descubrirlo ni posiblemente lo haya siquiera buscado, pero hechizaba toda aquella casa. Mi casa escondía un secreto en el fondo de su corazón…

– Sí – le dije al principito –, se trate de la casa, de las estrellas o del desierto, lo que produce su belleza es invisible !

– Me alegra – dijo – que estés de acuerdo con mi zorro.

Como el principito se dormía, lo tomé en mis brazos y seguí viaje. Estaba conmovido. Me parecía llevar un frágil tesoro. Me parecía incluso que no había nada más frágil sobre la Tierra. Miraba a la luz de la luna esa frente pálida, esos ojos cerrados, esos mechones de pelo que ondeaban al viento, y me decía: lo que veo no es más que una cáscara. Lo más importante es invisible…

El Principito.

Antoine de Saint-Exupéry

Palabras de Verdad

Fría noche para el cuerpo.

Siempre el miedo al sufrimiento,
fue la causa de tu olvido,
escapando en pensamientos,
me refugio en lo vivido.

 

Y cansado ya de huir,
pues ahora te persigo,
soy ahora el sufrimiento,
ya sin metas ni destino.

 

Una vez vencido el tiempo,
me recuesto en dulce calma,
fría noche para el cuerpo,
larga vida para el alma.

 

Ezequiel Novoa.
Palabras de Verdad

En los gritos del silencio.

Bajo impulsos de mi YO,
hago espacio en mi interior,
en los gritos del silencio,
nace toda creación.

 

Ya no hay nombre ni persona,
solo un simple traductor,
dando forma a las palabras,
del divino creador.

 

Ezequiel Novoa.